Por Pilar Dantés
Con un mensaje lleno de esperanza y orgullo, la familia del joven cadete Mario Enrique Martínez Ramírez, originario de Tampico, despidió al futuro marino con una pancarta que decía: “Buen viento y buena mar”.
El emotivo gesto se vivió este lunes en el puerto de Salina Cruz, Oaxaca, desde donde zarpó el buque Usumacinta, embarcación que temporalmente sustituye al buque escuela Cuauhtémoc de la Secretaría de Marina, siniestrado hace un mes en Estados Unidos.

El Usumacinta fue adaptado en el astillero de la Marina en Salina Cruz para albergar a los cadetes de la Heroica Escuela Naval, quienes continúan con su viaje de prácticas profesionales alrededor del mundo.
La nave recibió adecuaciones importantes, principalmente en el área médica, con la incorporación de un quirófano y espacios de atención que no formaban parte de su estructura original.
Este relevo logístico y operativo no ha mermado el profesionalismo ni el espíritu naval de la tripulación. Al contrario, la situación ha puesto en evidencia la entrega, disciplina y capacidad de adaptación de los jóvenes cadetes, quienes, pese al trágico accidente ocurrido con el Cuauhtémoc el pasado 17 de mayo en el puente de Brooklyn, Nueva York, mantienen firme el rumbo de su formación naval.

El caso de Mario Enrique Martínez Ramírez representa a muchos otros jóvenes mexicanos que, con determinación y vocación, continúan su preparación en circunstancias extraordinarias.
La presencia de su familia en el puerto, expresando su orgullo y confianza, simboliza el respaldo de la sociedad civil a la labor de estos futuros oficiales de la Marina Armada de México.
La misión del Usumacinta no solo es dar continuidad a un programa de formación, sino también mantener viva la tradición naval mexicana y el ejemplo de resiliencia institucional frente a la adversidad.

