Por Pilar Dantés
Tampico, Tamaulipas.- El 12 de diciembre, la fe y la tradición viste viste a la feligresúa para rendir homenaje a la Virgen de Guadalupe, patrona del México y símbolo de identidad para millones.
Desde tempranas horas de la mañana, fieles de todas las edades se acercan a las iglesias y capillas, portando flores, veladoras y corazones llenos de devoción.
Aunque en los últimos años se ha percibido una ligera disminución en la asistencia familiar a las festividades masivas, la esencia de la celebración permanece intacta.
Las peregrinaciones, los rezos y los cantos se mezclan con el aroma del incienso y de los platillos típicos que inundan los alrededores de los templos.
“No importa si hay más o menos gente, siempre venimos en familia a agradecer y pedir a la Virgen”, comenta doña María López, quien desde hace décadas acude cada 12 de diciembre a rendir homenaje a la santa patrona.

Como en distintas ciudades del país, en Tampico los recintos se han adaptado para recibir a los fieles de manera más ordenada y segura, permitiendo que la devoción se exprese sin perder la solemnidad de la fecha.
La Virgen, que ha trascendido fronteras y se ha convertido en un referente mundial, sigue siendo el centro de una celebración que combina fe, cultura y comunidad.
A pesar de los cambios en la asistencia, la tradición no pierde fuerza: niños vestidos como Juan Diego que cargan veladoras con entusiasmo, jóvenes que participan en danzas y cantos, y adultos que recuerdan con nostalgia su primer encuentro con la Virgen, todos se unen en un mismo canto de esperanza y gratitud.
México celebra, una vez más, a su querida Guadalupana, recordando que, más allá del número de asistentes, la devoción sigue viva en cada corazón que se acerca con fe.


